Relativismo - Democracia - Libertad
Dario Seglie
Resumen
Las culturas humanas con expresion y presencia en el mundo constituyen los ambitos en los que tiene lugar el devenir de la identidad de personas y pueblos, con el reconocimiento explicito de las diferencias, de las inclusiones, de una equiparacion cultural que no admite jerarquias o supremacias.
Un marco de referencia legislativo lo proporciona, en el ambito continental, el art. 22 de la “Constitucion” europea, que exige respeto a las diversidades lingüisticas, religiosas y culturales. Se trata de un marco dinamico, flexible y diferenciado, que acoge positivamente el dato del intercambio y de la comunicacion entre culturas, cuya multiplicidad y diversidad constituye una riqueza para todos al salvaguardar las diferentes identidades.
Desde esta perspectiva, la laicidad se conjuga con el relativismo, que connota la democracia en su totalidad, y ello precisamente con vistas a garantizar al maximo las creencias y los valores propugnados por cada individuo.
Efectivamente, en un sentido intercultural, relativista, la laicidad es un perfil fundamental de la forma del Estado pluralista como principio supremo del ordenamiento constitucional de una sociedad en la que han de convivir pacificamente credos, religiones y culturas diferentes.
Laico y liberal figuran tal vez entre los terminos mas mistificados y distorsionados hoy en dia. De palabra, todo el mundo es laico y liberal, aunque luego se oponga a la investigacion cientifica sobre las celulas embrionarias, a las uniones civiles entre personas del mismo sexo o aun cuando redacte manifiestos antirrelativistas y a favor de Occidente.
Sin embargo, resulta imposible ser laico y liberal sin ser tambien relativista. Aun mas: las posiciones de un relativista y de un no relativista, de un laico y de un no laico, lejos de ser paritarias, son “asimetricas”.
Es el relativismo la primera gran distincion que la teoria de la falsacion de Karl Popper nos permite establecer en relacion con lo absoluto; la propia locucion “relativismo absoluto” es un oximoron, una contradiccion logica que no cabe aplicar al concepto del que estamos tratando. En cambio, mediante el criterio de falsacion, el relativismo elabora la idea de la imposibilidad de obtener y/o poseer la verdad absoluta y perpetua (entendida como verdad cientifica; no nos interesa aqui la verdad ontologica o verdad de la verdad), y ello no porque dicha verdad no pueda existir objetivamente en si, ya que dicha imposibilidad es fruto de la falibilidad (metodologica, amen de historica) del hombre y debe ser sometida a un control critico que establezca su —provisional— validez/veracidad.
Resulta ahora patente por que el relativismo es el soporte metodologico fundamental de las democracias modernas: porque no determina una verdad en si y por si, razon por la que, por consiguiente, legitima la disension, es decir la opinion diferente.
esta es la premisa para traducir el Estado de derecho liberal-democratico en valores politico-sociales como la libertad de conciencia, de expresion y de accion; la autolimitacion de los derechos; el pluralismo etico; la tutela de las minorias; la laicidad de las instituciones. Estos valores ostentan la prerrogativa de permitir la convivencia de todos los demas valores. Y he aqui que surge, nuevamente, una asimetria: la existente entre un relativista y un no relativista, entre un laico y un no laico, entre un democrata y un antidemocrata. Si quisieramos poner un nombre a esta “prerrogativa generadora de asimetria” podriamos llamarla “tolerancia” (cuyas antitesis son el extremismo, el fanatismo, el fariseismo, el etnocentrismo, el terrorismo).
Los “antirrelativistas” incurren en contradiccion, de manera inequivoca si bien consciente, al afirmar su aceptacion del sistema democratico: es un dato incontestable el hecho de que, si se dan por buenos las instituciones y los valores del Estado moderno, ha de aceptarse tambien la metodologia relativista y, a la inversa, si se ataca al relativismo, se ataca tambien al Estado moderno.
Democracia y relativismo son inseparables.
Laicidad no es anticlericalismo: puede haber protestantes, catolicos, fieles de varios credos, agnosticos y laicos que crean todos ellos en algo trascendente. La cuestion estriba en la separacion entre Iglesias y Estados, entre eticas y normas, con vistas a asegurar un espacio comun de ciudadania a disposicion de todos, con la garantia de que nadie invada el campo de los derechos personales humanos intangibles.
Los laicos son debiles porque se encuentran dispersos en el seno de la sociedad y no valoran sus posiciones fundamentales: la lucha por la igualdad, por la justicia social, por la dignidad de la persona, acciones todas ellas que —a lo sumo— se limitan a ejercer con voz debil.
Se echa en falta una valentia proyectiva en nuestras logias, en nuestros talleres: no se trata de levantar barricadas, sino de reconocer que no es preciso importar valores de fuera, pidiendolos prestados a las Iglesias; antes al contrario, existe una gran tradicion social, antropologica, filosofica, etica que procede desplegar y afirmar con autoridad, seguridad y poderio.
Cada uno tiende ya a confeccionar solo, o en cenaculos reducidos, sus propios ideales, inducidos por la homologacion masiva y por lideres de opinion sometidos a centros de poder inhumanos. De ahi el problema de como poder reactivar el frente laico, el pensamiento libre, aconfesional, entablando energicas batallas civiles liberales como alternativa a la actual resignacion de cabeza gacha y espalda encorvada.
Los laicos tienen valores solidos a fuer de justos, paradigmas que no necesitan tomar prestados de nadie; les basta con reverdecerlos y adoptarlos con urgencia y con orgullo.
El problema no estriba en el contraste (aireado pero inexistente) entre fe y razon; el contraste se da entre quien dialoga y quien, obtusa o conscientemente, se niega a ese razonar, se cierra, se ampara en el dogma y rechaza el dialogo.
Nosotros hemos de afirmar que en la dimension de la convivencia civil el metodo a seguir es el del dialogo abierto y leal, junto con el rechazo de todo dogmatismo que encadena a la Humanidad y descarta la consecucion del bien y del progreso de la familia humana.
Dicho Proyecto nos lo entregaron nuestros ilustrados progenitores:
Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Dario Seglie
2 de agosto de 2008
Un marco de referencia legislativo lo proporciona, en el ambito continental, el art. 22 de la “Constitucion” europea, que exige respeto a las diversidades lingüisticas, religiosas y culturales. Se trata de un marco dinamico, flexible y diferenciado, que acoge positivamente el dato del intercambio y de la comunicacion entre culturas, cuya multiplicidad y diversidad constituye una riqueza para todos al salvaguardar las diferentes identidades.
Desde esta perspectiva, la laicidad se conjuga con el relativismo, que connota la democracia en su totalidad, y ello precisamente con vistas a garantizar al maximo las creencias y los valores propugnados por cada individuo.
Efectivamente, en un sentido intercultural, relativista, la laicidad es un perfil fundamental de la forma del Estado pluralista como principio supremo del ordenamiento constitucional de una sociedad en la que han de convivir pacificamente credos, religiones y culturas diferentes.
Laico y liberal figuran tal vez entre los terminos mas mistificados y distorsionados hoy en dia. De palabra, todo el mundo es laico y liberal, aunque luego se oponga a la investigacion cientifica sobre las celulas embrionarias, a las uniones civiles entre personas del mismo sexo o aun cuando redacte manifiestos antirrelativistas y a favor de Occidente.
Sin embargo, resulta imposible ser laico y liberal sin ser tambien relativista. Aun mas: las posiciones de un relativista y de un no relativista, de un laico y de un no laico, lejos de ser paritarias, son “asimetricas”.
Es el relativismo la primera gran distincion que la teoria de la falsacion de Karl Popper nos permite establecer en relacion con lo absoluto; la propia locucion “relativismo absoluto” es un oximoron, una contradiccion logica que no cabe aplicar al concepto del que estamos tratando. En cambio, mediante el criterio de falsacion, el relativismo elabora la idea de la imposibilidad de obtener y/o poseer la verdad absoluta y perpetua (entendida como verdad cientifica; no nos interesa aqui la verdad ontologica o verdad de la verdad), y ello no porque dicha verdad no pueda existir objetivamente en si, ya que dicha imposibilidad es fruto de la falibilidad (metodologica, amen de historica) del hombre y debe ser sometida a un control critico que establezca su —provisional— validez/veracidad.
Resulta ahora patente por que el relativismo es el soporte metodologico fundamental de las democracias modernas: porque no determina una verdad en si y por si, razon por la que, por consiguiente, legitima la disension, es decir la opinion diferente.
esta es la premisa para traducir el Estado de derecho liberal-democratico en valores politico-sociales como la libertad de conciencia, de expresion y de accion; la autolimitacion de los derechos; el pluralismo etico; la tutela de las minorias; la laicidad de las instituciones. Estos valores ostentan la prerrogativa de permitir la convivencia de todos los demas valores. Y he aqui que surge, nuevamente, una asimetria: la existente entre un relativista y un no relativista, entre un laico y un no laico, entre un democrata y un antidemocrata. Si quisieramos poner un nombre a esta “prerrogativa generadora de asimetria” podriamos llamarla “tolerancia” (cuyas antitesis son el extremismo, el fanatismo, el fariseismo, el etnocentrismo, el terrorismo).
Los “antirrelativistas” incurren en contradiccion, de manera inequivoca si bien consciente, al afirmar su aceptacion del sistema democratico: es un dato incontestable el hecho de que, si se dan por buenos las instituciones y los valores del Estado moderno, ha de aceptarse tambien la metodologia relativista y, a la inversa, si se ataca al relativismo, se ataca tambien al Estado moderno.
Democracia y relativismo son inseparables.
Laicidad no es anticlericalismo: puede haber protestantes, catolicos, fieles de varios credos, agnosticos y laicos que crean todos ellos en algo trascendente. La cuestion estriba en la separacion entre Iglesias y Estados, entre eticas y normas, con vistas a asegurar un espacio comun de ciudadania a disposicion de todos, con la garantia de que nadie invada el campo de los derechos personales humanos intangibles.
Los laicos son debiles porque se encuentran dispersos en el seno de la sociedad y no valoran sus posiciones fundamentales: la lucha por la igualdad, por la justicia social, por la dignidad de la persona, acciones todas ellas que —a lo sumo— se limitan a ejercer con voz debil.
Se echa en falta una valentia proyectiva en nuestras logias, en nuestros talleres: no se trata de levantar barricadas, sino de reconocer que no es preciso importar valores de fuera, pidiendolos prestados a las Iglesias; antes al contrario, existe una gran tradicion social, antropologica, filosofica, etica que procede desplegar y afirmar con autoridad, seguridad y poderio.
Cada uno tiende ya a confeccionar solo, o en cenaculos reducidos, sus propios ideales, inducidos por la homologacion masiva y por lideres de opinion sometidos a centros de poder inhumanos. De ahi el problema de como poder reactivar el frente laico, el pensamiento libre, aconfesional, entablando energicas batallas civiles liberales como alternativa a la actual resignacion de cabeza gacha y espalda encorvada.
Los laicos tienen valores solidos a fuer de justos, paradigmas que no necesitan tomar prestados de nadie; les basta con reverdecerlos y adoptarlos con urgencia y con orgullo.
El problema no estriba en el contraste (aireado pero inexistente) entre fe y razon; el contraste se da entre quien dialoga y quien, obtusa o conscientemente, se niega a ese razonar, se cierra, se ampara en el dogma y rechaza el dialogo.
Nosotros hemos de afirmar que en la dimension de la convivencia civil el metodo a seguir es el del dialogo abierto y leal, junto con el rechazo de todo dogmatismo que encadena a la Humanidad y descarta la consecucion del bien y del progreso de la familia humana.
Dicho Proyecto nos lo entregaron nuestros ilustrados progenitores:
Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Dario Seglie
2 de agosto de 2008